Tres categorías, tres apuestas y una élite que no perdona.
Uno llega a una temporada de premios con dos actitudes posibles:
o se comporta como un notario —frío, calculador, predecible—
o acepta el riesgo, la exageración, la apuesta sentimental.
En Butaca71 hemos elegido la segunda, porque no es un ejercicio de futurología matemática ni una tabla de cuotas de Las Vegas.
Es otra cosa: una pregunta simple y peligrosa : ¿Qué pasa si ganan?
No qué pasaría con la película, ni con la taquilla, ni con el vestido de la gala.
Sino qué pasa con ellos, con su lugar en la historia del cine, con esa jerarquía invisible que separa a los buenos actores de los intocables.
Este año apostamos por tres categorías de actuación, y en cada una hemos reducido el tablero a tres nombres.
Nada de dispersión. Nada de cobardía.
Mejor Actor Principal
Aquí el Oscar no consagra: define.
Timothée Chalamet aparece como el favorito sentimental. Nuestro “tío Timo”, como lo llamamos con una mezcla de afecto y fe generacional.
Si gana, no entra simplemente al club de los premiados sucederá que se inaugura una era.
No por revolución técnica —tranquilos, no es Brando—, sino porque el cine industrial confirmaría algo que ya murmura que este rostro joven puede cargar con películas, prestigio y tiempo por delante.
Leonardo DiCaprio juega otra partida.
Si suma su segundo Oscar, deja atrás definitivamente el relato del actor eternamente postergado.
Dos estatuillas no son una cifra cualquiera, es el territorio donde empiezan los nombres que ya no se discuten, solo se respetan.
Y Michael B. Jordan, el tercer vértice, representa la fuerza silenciosa.
Un triunfo suyo no sería un golpe mediático, sino una reconfiguración de estatus, pasaría de estrella sólida a actor con legitimidad histórica.
Mejor Actriz Principal
Y luego está ella. Nuestra “tía La Ojona”, Emma Stone.
Aquí el dato no es solo el tercer Oscar —que ya sería histórico—sino la edad. Ganar tan joven tres estatuillas abre una posibilidad que asusta, tendría el tiempo suficiente para pensar en un cuarto.
No hablamos de ambición desmedida, sino de matemática biográfica. Stone no corre, no se repite, no se agota. Si gana, no entra a la élite, ella se instala.
Mejor Actor de Reparto
El reparto es la categoría más engañosa.
Parece menor, pero es donde se construyen las leyendas más duraderas.
Sean Penn aquí no compite: amenaza.
Un tercer Oscar de actuación lo coloca en un panteón microscópico, casi mitológico.
No se entra ahí por simpatía ni por moda.
Se entra por insistencia, por ferocidad, por haber sido demasiadas veces demasiado bueno.
Benicio del Toro, en cambio, juega la carta del prestigio sin aspavientos.
Un segundo Oscar lo fija como lo que ya es, pero ahora con sello oficial:
un actor que no necesita protagonizar para dominar la pantalla.
Este es el territorio donde el Oscar no premia promesas, sino trayectorias irreversibles.
Tres categorías. Una sola postura editorial.
En Butaca71 no nos escondemos detrás del “puede ser”. Apostamos. Nos equivocamos si hace falta.
Pero miramos el Oscar como lo que es cuando importa, como un momento en que la historia se inclina, apenas, hacia un lado.
Primero publicamos esta nota general. Luego vendrán las disecciones, las tablas, las probabilidades, los escenarios uno por uno.
Referencias
