Hay actores que actúan con el rostro, otros con la voz, y unos pocos —muy pocos— con el cuerpo entero. Sean Penn pertenece a esta última especie, esa que no necesita subrayar nada porque todo lo dice antes de hablar. En One Battle After Another, su Coronel Lockjaw entra en escena caminando. O mejor dicho: avanza. No se desplaza como un hombre común, no se mueve como un militar convencional. Su manera de caminar es un manifiesto. Una declaración de principios. Un cuerpo que ya decidió endurecerse antes de que la historia termine de explicarlo.
Nada en esa manera de caminar es casual. No es un tic improvisado ni una excentricidad del actor. Es una construcción minuciosa, desarrollada entre Sean Penn y Paul Thomas Anderson, como se desarrollan las decisiones importantes: lentamente, con conciencia de que el cuerpo también narra. Lockjaw no necesita levantar la voz para imponer autoridad; le basta con entrar en cuadro. Cada paso es corto, rígido, casi incómodo. El pecho va hacia adelante, la espalda no cede, el gesto facial permanece apretado. Es un hombre que camina como si nunca hubiera aprendido a aflojar.


El nombre del personaje no es inocente. Lockjaw —mandíbula trabada— no funciona como apodo pintoresco, sino como diagnóstico. Lockjaw es un hombre bloqueado en su propia tensión, atrapado en una mueca que ya no puede abandonar. Y esa rigidez facial se expande, contamina el cuello, los hombros, la pelvis, hasta gobernar su manera de caminar. El cuerpo entero se convierte en mandíbula. Un cuerpo que no dialoga: aprieta.
Lo interesante es que esa manera de caminar no surge solo del poder, sino también de la humillación. El Coronel Lockjaw cree dominarlo todo, pero su historia con Perfidia lo descoloca, lo expone, lo deja mal parado en el terreno donde él creía ser invencible. A partir de ahí, su cuerpo parece endurecerse aún más, como si necesitara compensar algo que ya no controla. Camina para convencerse. Camina para no derrumbarse. Camina para sostener una autoridad que se le escurre entre los dedos.


Paul Thomas Anderson filma esa manera de caminar con inteligencia: la deja entrar en plano, ocupar el espacio, volverse incómoda. No la ridiculiza, pero tampoco la glorifica. Hay algo casi grotesco en ese desplazamiento, algo que roza lo patético sin caer en la parodia. Y ahí está la grandeza del trabajo de Penn: entender que el poder, cuando se rigidiza demasiado, empieza a verse falso. Que la autoridad, cuando se actúa, se nota.
Al final, cuando el cuerpo de Lockjaw está herido y el mundo ya no responde a sus órdenes, su manera de caminar persiste. No cambia. No se humaniza. No se quiebra del todo. Y eso es lo más revelador. Porque no estamos ante un rasgo físico, sino ante una identidad. Lockjaw no camina así porque esté lastimado; está lastimado porque nunca pudo caminar de otra forma.
En One Battle After Another, Sean Penn demuestra que una manera de caminar puede ser una biografía entera. Y que, a veces, el cuerpo dice la verdad antes que el guion.
Referencia
- Entertainment Weekly – Lauren Huff – Entrevista con Penn
“Penn worked with Anderson ‘page by page’ to develop everything from Lockjaw’s walk and ridiculously wound-tight mannerisms…”
Penn confirma que la caminata fue trabajada deliberadamente con el director de la película PTA. - CriticAfterDark – Blog Especializado
“Penn’s Lockjaw literally has a set mouth and stiff neck and hilariously awkward walk that makes you think Perfidia’s fist is still stuck up his …”
Señalan la sensación de que la marcha remite a la humillación sexual del prologo.
