Hay premios que se celebran con la solemnidad de una misa y otros con la electricidad de una pelea de box. Los Premios Platino, que se empeñan en reunir lo mejor del cine iberoamericano bajo una misma lámpara, tienen algo de ambas cosas: la ceremonia y el combate. Este año, en la categoría de Mejor Animación, el ring está servido con cuatro películas que, cada una a su manera, quieren convencernos de que la animación en español y portugués ya no es una promesa, sino una declaración de principios. Kayara: La princesa inca, Soy Frankelda, Olivia & las nubes y Decorado llegan con credenciales distintas, con públicos distintos, con ambiciones distintas. Pero en Butaca71 no votamos con la cabeza: votamos con el corazón… y después intentamos justificarlo.

| IMDb | Título | País | Público recomendado |
|---|---|---|---|
| 5.1 | Kayara | Perú / España | Público familiar, niños desde 7 años, padres interesados en cultura andina y aventuras accesibles |
| 7.3 | Soy Frankelda | México | Jóvenes y adultos que disfrutan fantasía oscura, stop motion y relatos de identidad propia |
| 7.0 | Olivia & Las Nubes | República Dominicana | Cinéfilos, amantes de la animación poética y del cine experimental |
| 6.8 | Decorado | España / Portugal | Público adulto, espectadores de cine de autor y animación conceptual |
Las cifras, por supuesto, ayudan a poner algo de orden en el caos. Kayara, producción de Perú y España, aparece con un discreto 5.1 en IMDb; Soy Frankelda, desde México, alcanza un respetable 7.3; Olivia & las nubes, de República Dominicana, ronda el 7.0; y Decorado, la apuesta ibérica entre España y Portugal, se mueve alrededor del 6.8. Si uno fuera un ejecutivo frío, probablemente empezaría por esos números. Pero el cine, por fortuna, todavía se resiste a ser una hoja de Excel.
En Butaca71, después de verlas, discutirlas, volver a verlas y discutirlas otra vez —porque el amor cinéfilo también es una forma elegante de pelear—, hubo dos películas que quedaron por encima del resto. Kayara se quedó con el primer lugar. Soy Frankelda con el segundo. No fue una decisión unánime, ni mucho menos tranquila, pero sí honesta. Y en estos tiempos, la honestidad crítica vale más que cualquier algoritmo.
¿Por qué Kayara ocupa el primer puesto? La respuesta extensa ya la hemos dado en nuestro artículo anterior (Kayara: la chasqui más veloz del imperio), donde desmenuzamos cada una de sus virtudes, desde su construcción visual hasta la reivindicación cultural que propone. Pero incluso sin volver a esas líneas, hay algo imposible de ignorar: Kayara tiene identidad. No pide permiso para ser peruana, no disfraza su ADN andino para agradar a un mercado global, no siente vergüenza de hablar desde sus montañas. Eso, en la industria de la animación, ya es una pequeña revolución.
Y hay algo más. Kayara no intenta ser otra cosa. No quiere parecer una producción estadounidense, no quiere pedirle prestada la voz a Hollywood, no quiere disfrazarse de franquicia. Tiene la dignidad de contar su historia con el acento de su tierra, con el pulso de una aventura familiar, con la claridad emocional que permite que un niño de siete años la siga… y que un adulto no se sienta insultado en el proceso. Eso es más difícil de lo que parece.
Ahora bien, Soy Frankelda nos gustó. Mucho. Sería absurdo negarlo. Técnicamente es admirable. Hay una dedicación artesanal, una obsesión por el detalle, una valentía narrativa que merece aplausos. El problema no está en su calidad; el problema está en su vocación. Hay una oscuridad permanente en su tono que complica su recepción familiar, especialmente cuando el empaque visual podría hacer creer a algunos padres que están frente a una película infantil convencional.
Y luego está su historia. Elaborada. Ambiciosa. Por momentos fascinante. Por momentos excesivamente compleja. Soy Frankelda exige atención, paciencia y cierta familiaridad con universos fantásticos que no todos los espectadores poseen. Hay secuencias donde uno siente admiración… y otras donde uno siente que necesita un mapa. Para algunos eso será una virtud. Para otros, una distancia.
Y sí, hay un detalle que no pudimos ignorar. Su antagonista —magnético, sí, perturbador, también— nos hizo recordar inevitablemente a otro villano que ya vive en la memoria colectiva: ese monstruo elegante y peligrosamente parecido que alguna vez conocimos en Monsters, Inc. No diremos que sea una copia. Sería injusto. Pero diremos, con elegancia, que el déjà vu fue imposible de esconder.
Mientras tanto, detrás de Kayara hay una historia que merece tanto reconocimiento como la propia película: la historia de Tunche Films. Porque antes de esta nominación de 2026, Tunche ya había demostrado que lo suyo no era casualidad. En 2021 conquistó su primer Premio Platino con Ainbo, y más tarde volvió a levantar el trofeo con Mariposas Negras. Dos premios. Dos victorias. Y una certeza: el Perú ya aprendió a competir entre los grandes.

Hoy, con Kayara, Tunche llega a su tercera nominación a los Premios Platino, pero ya no como sorpresa, sino como una productora que sabe ganar. Si Ainbo abrió el camino y Mariposas Negras confirmó su lugar, Kayara tiene todo para convertir esa historia en legado. En Butaca71 lo tenemos claro: Tunche no viene a intentar… viene por otro Platino.

Referencias
- Butaca71.com – Kayara: la chasqui más veloz del imperio
- ElComercio.com – “Kayara”, la nueva película animada peruana, se estrenará en 2025: descubre los detalles
- Perushowpe.com – El cine peruano brilla en Iberoamérica: Lombardi encabeza la carrera rumbo a los Premios PLATINO XCARET
- Radixanimacion.com – Los Premios Platino 2026 presentan una de las categorías animadas más cerradas de toda su historia
- ElBuho.com – Película peruana sobre deforestación en Amazonía gana Premio Platino 2022
- Rpp.pe – Talento peruano en el cine internacional: ‘Mariposas Negras’ triunfa en los Premios Platino 2025
