Fue quien ayudó a rescatar aquella obra del abandono, quien consiguió que dejáramos de verla como un conjunto de dibujos misteriosos y empezáramos a reconocerla como una manifestación extraordinaria de una civilización.
Detrás de cada escena existe un grupo de personas que decide cómo debe sentirse una mirada, cuánto debe durar un silencio y qué emoción debe permanecer cuando las luces de la sala se encienden. Lady Nazca encuentra precisamente ahí una de sus mayores fortalezas.
María Reiche eligió enfrentarse al adversario más poderoso de todos. Durante décadas sostuvo una batalla silenciosa contra el olvido, el abandono y el paso de los años.