Reiche no esperó a que el mundo académico reconociera la importancia de Nazca para empezar a estudiarla. Trabajaron primero. El reconocimiento llegó después, cuando ya no podían seguir siendo ignoradas.
Fue quien ayudó a rescatar aquella obra del abandono, quien consiguió que dejáramos de verla como un conjunto de dibujos misteriosos y empezáramos a reconocerla como una manifestación extraordinaria de una civilización.
Detrás de cada escena existe un grupo de personas que decide cómo debe sentirse una mirada, cuánto debe durar un silencio y qué emoción debe permanecer cuando las luces de la sala se encienden. Lady Nazca encuentra precisamente ahí una de sus mayores fortalezas.