En Butaca71 retomamos el comentario de Diana Uribe sobre One Battle After Another para ampliar el contexto histórico que ella menciona en su crítica: la contracultura de los años sesenta, el pacifismo, las facciones radicales y la idea de la revolución como forma de vida, claves para entender mejor el mundo que rodea a los personajes.
Una batalla tras otra: la revolución, el cansancio y el espejo latino
Cuando escuché a Diana Uribe hablar de One Battle After Another, pensé inmediatamente en una vieja verdad: el cine no explica la historia; la revela. La deja al descubierto, como cuando uno levanta la alfombra y descubre todo el polvo acumulado debajo.
La película —que tiene a Leonardo DiCaprio como uno de sus ejes— no es solo un relato político. Es, sobre todo, una historia sobre el cansancio de las revoluciones. Y eso, si lo pensamos bien, es profundamente humano.
Pero para entender por qué esta historia pesa tanto, hay que detenerse un momento en algunas ideas que Diana Uribe menciona casi al pasar. Para ella son obvias. Para el espectador común, quizá no tanto.
La contracultura: cuando los jóvenes quisieron cambiar el mundo
En los años sesenta y setenta ocurrió algo extraordinario en Estados Unidos y en buena parte de Occidente. Millones de jóvenes decidieron que el mundo que habían heredado no les gustaba.
Ese movimiento se llamó contracultura.
Era una rebelión contra el orden establecido: contra la guerra de Vietnam, contra el racismo, contra la moral rígida de la posguerra. Los hippies, el rock, las comunas, la liberación sexual, el cuestionamiento de la autoridad: todo eso formaba parte del mismo espíritu.
La idea era sencilla y radical: vivir de otra manera.
El pacifismo: cambiar el mundo sin disparar un arma
La mayoría de ese movimiento apostó por algo que hoy suena casi ingenuo: el pacifismo.
El pacifismo sostiene que la violencia no puede ser el camino para transformar la sociedad. Sus figuras más emblemáticas fueron líderes como Martin Luther King Jr., que defendían la resistencia civil y la protesta no violenta.
Marchas, huelgas, ocupaciones simbólicas, desobediencia civil.
El mensaje era poderoso: se puede luchar sin matar.
Durante muchos años esa fue la imagen dominante de la contracultura.
Pero no toda la historia fue así.
La facción radical: cuando la paciencia se rompe
Dentro de ese gran movimiento aparecieron también facciones radicales.
Grupos que pensaban que el sistema era tan injusto que no podía reformarse con flores ni canciones. Creían que la única forma de derribarlo era mediante acciones más duras, incluso violentas.
Organizaciones clandestinas, sabotajes, guerrilla urbana.
No representaban a la mayoría, pero existían. Y su presencia dejó una huella profunda en la política y en la memoria cultural de esa época.
En One Battle After Another aparece precisamente ese tipo de personaje: una mujer formada en esa tradición de lucha radical. Una revolucionaria que ve la vida como un campo de batalla permanente.
Una mujer que no cree en medias tintas.
La revolución como forma de vida
Aquí aparece otro concepto clave: la revolución.
Para muchos militantes de los años setenta, la revolución no era solo un objetivo político. Era una identidad. Una manera de entender la existencia.
Ser revolucionario significaba estar dispuesto a sacrificarlo todo: estabilidad, familia, incluso la vida misma.
Por eso el personaje que describe Diana Uribe resulta tan intenso. Pertenece a una genealogía de mujeres luchadoras, casi como si la revolución fuera un apellido heredado.
Y frente a ella aparece el personaje de DiCaprio: un hombre menos seguro, más perdido, más humano.
Ese contraste es, probablemente, el corazón emocional de la película.
La nueva generación: el cansancio de las luchas
Pero la historia no se queda en el pasado.
La película introduce una nueva generación que mira esas viejas batallas con una mezcla de respeto y agotamiento. Saben que hubo heroísmo, pero también saben que muchas de esas revoluciones terminaron en fracaso o en dolor.
Ahí aparece un concepto muy contemporáneo: la fatiga histórica.
El cansancio de luchar siempre.
Resiliencia: sobrevivir cuando todo parece perdido
Y sin embargo, la historia no termina en el pesimismo. Hay otro concepto importante que aparece en la reflexión de Uribe: la resiliencia.
La resiliencia es la capacidad de resistir, adaptarse y seguir adelante después de las crisis.
En el contexto de la película, esa resiliencia aparece especialmente en las comunidades latinas en Estados Unidos. Comunidades que han tenido que enfrentar discriminación, precariedad, violencia institucional… y aun así siguen construyendo vida, cultura y futuro.
No es una resistencia heroica en el sentido épico. Es una resistencia cotidiana.
La de levantarse cada mañana.
Una película que dialoga con el presente
Lo más interesante de One Battle After Another es que no se limita a contar una historia del pasado. La conecta con el presente.
Con las tensiones raciales, con las migraciones, con el debate político que atraviesa hoy a Estados Unidos.
Por eso Diana Uribe hace una sugerencia que suena casi provocadora: ver la película mientras se mira el noticiero.
Porque entonces uno entiende algo inquietante.
Que muchas de esas batallas —las de la contracultura, las de la justicia social, las de las minorías— todavía no han terminado.
Simplemente continúan.
Una batalla tras otra.
