El combate que Apollo no supo leer
Apollo Creed tiene un problema. El boxeador que debía enfrentarlo no puede subir al cuadrilátero y necesita encontrar un reemplazo. No parece una situación demasiado complicada para un campeón mundial, especialmente si uno tiene la seguridad, el dinero y la maquinaria publicitaria de Apollo. Entonces aparece Rocky Balboa, un desconocido de Filadelfia al que el apodo de «The Italian Stallion» le viene de maravilla para vender una pelea. Apollo encuentra en él una buena historia publicitaria. Lo que no encuentra, porque ni siquiera se molesta en buscarlo, es al hombre que hay detrás de ese nombre.
El error de Apollo es bastante más interesante que su elección. No es simplemente que subestime a Rocky: basa todo su análisis en la certeza de que aquel hombre nunca se tomará realmente en serio el combate. Para Apollo, Rocky es un desconocido, un rival promocional, alguien que no tiene posibilidades reales y que, por lo tanto, tampoco tendrá motivos para entregarse por completo. Ha organizado el espectáculo antes de conocer al protagonista de la otra esquina.
Pero Rocky empieza a tomarse la oportunidad en serio. Al principio acepta principalmente por el dinero. No parece tener demasiadas razones para imaginar que puede derrotar al campeón. Sin embargo, a medida que avanza el entrenamiento, comienza a comprender que aquella pelea puede significar algo más. Mickey, su antiguo entrenador, le recuerda que alguna vez tuvo condiciones para ser un verdadero boxeador y que terminó desperdiciándolas. No le está descubriendo un talento nuevo: le está recordando uno que había dejado de cultivar.
Hay algo que Apollo no alcanza a ver y que el colaborador que lo acompaña sí descubre. Mientras el campeón está ocupado con sus negocios y la promoción, alguien observa a Rocky entrenando y advierte que se está preparando de verdad. Rocky no sabe que aquello es un espectáculo. Cree que es un combate. La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo las reglas de la pelea. Apollo está vendiendo una función; Rocky está preparándose para enfrentar al campeón.
Y Rocky tampoco se transforma por arte de magia ni por una súbita revelación personal. Necesita a Mickey, necesita recuperar la confianza, necesita a Adrian, incluso necesita encontrar un lugar dentro de ese pequeño mundo que lo rodea. Su oportunidad es individual, pero su preparación es colectiva. La película entiende algo que a veces olvidamos: hay personas que no necesitan que alguien haga las cosas por ellas, pero sí necesitan que alguien las ayude a descubrir que todavía pueden hacerlas.
La visita al cuadrilátero la noche anterior al combate es uno de los momentos más reveladores. Rocky no cree que vaya a ganar. No se engaña pensando que puede convertirse de pronto en alguien superior a Apollo Creed. Lo que quiere es aguantar todos los asaltos, llegar hasta el final y demostrar que puede mantenerse de pie frente al campeón. Si lo consigue, habrá alcanzado algo que antes parecía fuera de su alcance. Su objetivo ya no consiste exclusivamente en ganar el título. Quiere demostrarse que merece estar allí.
I Play Rocky: el hombre detrás del personaje
Cincuenta años después, volvemos a encontrarnos con Rocky, pero esta vez tenemos una mirada adicional: I Play Rocky. La película nos permite regresar al origen y observar al hombre que hizo posible que aquel boxeador de Filadelfia llegara a las pantallas. Sylvester Stallone no solamente escribió una historia de boxeo. Escribió una historia que tenía mucho de su propia vida, de sus dificultades y de su necesidad de encontrar un lugar en una industria que no parecía tenerlo reservado para él.
Stallone se negó a vender el guion de Rocky si no podía interpretar al protagonista. Podía haber aceptado el dinero, dejar que otro actor se pusiera los guantes y conformarse con ver su historia convertida en película. Pero insistió. Desde afuera, aquella decisión podía parecer una obstinación difícil de justificar, especialmente para alguien que todavía no tenía una carrera consolidada. Cuando conocemos el contexto, la decisión adquiere otro sentido: no estaba defendiendo solamente un papel, estaba defendiendo la posibilidad de contar su propia historia y ser él quien la encarnara.
Hay un paralelismo interesante entre Stallone y Rocky. Apollo cree que ya sabe quién es su adversario porque ha visto su nombre, su apodo y sus posibilidades comerciales. Hollywood podía cometer un error parecido con Stallone: evaluar al escritor sin reconocer al protagonista que llevaba dentro. Rocky necesita que alguien vea algo más que a un boxeador desconocido; Stallone necesitaba que alguien viera algo más que a un guionista que buscaba una oportunidad. No son situaciones idénticas, pero comparten una misma pregunta: ¿quién decide hasta dónde puede llegar una persona?
También hay un detalle entrañable en esta relación entre la vida y la ficción: Butkus, el perro real de Stallone, terminó formando parte de Rocky. No está allí únicamente para adornar la película. Acompaña al personaje en sus momentos de soledad, cuando la vida no parece ofrecerle demasiadas razones para sentirse acompañado. Es una presencia silenciosa que aporta algo que ningún discurso motivacional podría conseguir: la compañía de alguien que simplemente permanece a su lado.
La música mas motivadora del mundo
Y qué sería de Rocky sin «Gonna Fly Now», de Bill Conti. Hay canciones que acompañan una película y otras que terminan apropiándose de ella. Esta pertenece a la segunda categoría. Suena durante el entrenamiento, crece junto con el personaje y convierte una sucesión de ejercicios en una experiencia emocional. No necesitamos saber de boxeo para entender lo que está ocurriendo: Rocky está avanzando. La música nos hace sentir ese progreso antes de que sepamos cuál será el resultado del combate.
La saga tendría después otro himno de enorme impacto: «Eye of the Tiger», de Survivor, en Rocky III. Conviene distinguirlas porque representan momentos diferentes de la trayectoria del personaje. «Gonna Fly Now» acompaña el nacimiento de una posibilidad; «Eye of the Tiger» se asocia con la recuperación del instinto competitivo y la identidad de un campeón. Dos canciones, dos etapas y una misma capacidad para salir de la pantalla y quedarse en la memoria de quienes las escuchan.
El Oscar a Mejor Película
También conviene recordar el año en que apareció Rocky. En la ceremonia del Óscar de 1977, correspondiente a las películas estrenadas en 1976, compartió la nominación a Mejor Película con All the President’s Men, Network, Taxi Driver y Bound for Glory. No necesitamos ponerlas a competir ni convertir el aniversario de una en una descalificación de las otras. Cada una tenía una virtud cinematográfica propia y una manera particular de mirar su tiempo.
All the President’s Men convirtió la investigación periodística en un relato de suspenso; Network se adelantó con una sátira feroz a la transformación de los medios de comunicación en espectáculo; Taxi Driver construyó un retrato inquietante de la alienación urbana; y Bound for Glory recuperó la memoria de la Gran Depresión a través de la vida y la música de Woody Guthrie. Rocky, por su parte, tomó una historia individual aparentemente pequeña y la convirtió en una experiencia emocional que podía entenderse en cualquier lugar. Son películas distintas, con intereses distintos, y precisamente por eso resulta interesante recordarlas juntas.
Estados Unidos atravesaba entonces un momento histórico complejo. Las heridas de los asesinatos de John F. Kennedy, Robert Kennedy y Martin Luther King seguían presentes; Vietnam había terminado; Watergate había erosionado la confianza en las instituciones; y el país celebraba su bicentenario mientras elegía a Jimmy Carter como presidente. No necesitamos afirmar que Rocky fue concebida como una respuesta política a todos esos acontecimientos. No tenemos por qué atribuirle a la película una intención que no podemos demostrar. Pero sí podemos observar que su historia encontró resonancia en una sociedad que todavía tenía motivos para preguntarse qué significaba creer en las oportunidades.
Lo que nos deja Rocky
Hay una frase que utilizo con frecuencia y que, para mí, explica tanto a Rocky como a Stallone: evaluar cuánto tienes por ganar y cuánto tienes por perder. Una vez que tienes eso claro, no dudes más: solo hazlo. Rocky llega a una conclusión parecida cuando comprende que quizá no pueda vencer a Apollo, pero que tiene mucho por ganar si se toma la oportunidad en serio. Stallone también tuvo que hacer su propia evaluación cuando decidió no entregar su guion sin interpretar al personaje. En ambos casos, no se trata de tener garantizada la victoria. Se trata de entender qué está en juego y decidir si vale la pena intentarlo.
De allí nace otra reflexión. Siempre tendremos problemas. Los problemas nos alcanzan, se nos cuelan en la vida y, si los miramos solamente de esa manera, terminan pareciendo un castigo. Pero hay una diferencia que puede cambiarlo todo: dejar de mirar algunos problemas como condenas y empezar a verlos como retos. Un problema parece algo que debemos soportar; un reto nos obliga a pensar, buscar alternativas y descubrir qué podemos hacer con lo que tenemos delante.
Siempre nos ha gustado aquella frase: «Si del cielo te llueven limones, haz limonada». Aunque nosotros, los peruanos, podemos darle una versión bastante más sabrosa: «Si del cielo te llueven limones, prepara un rico ceviche». Stallone hizo algo parecido. No hizo desaparecer sus dificultades ni consiguió que la industria le regalara una oportunidad. Encontró una manera de utilizar aquello que le había tocado vivir y lo convirtió en una historia. Rocky nació de esa transformación.
Quizá por eso, después de cincuenta años, seguimos regresando a esta película. No porque Rocky sea un hombre que siempre gana, sino porque es un hombre que aprende a reconocer el valor de una oportunidad. No necesita engañarse pensando que es el favorito. Necesita saber qué puede conseguir si se atreve a llegar hasta el final. Y nosotros, espectadores, podemos quedarnos con esa pregunta: ¿cuánto tenemos por ganar y cuánto por perder? Cuando la respuesta está clara, llega el momento de dejar de calcular y empezar a actuar.
Referencias
- wbcboxing.com – Rocky celebra su cincuenta aniversario con….
- shop.zepfilms.com – Pensaron que Rocky sería un FRACASO… y ganó MILLONES
- youtube.com/@Teloresumoasinomas – La Saga De Rocky, El Ascenso De Stallone
- youtube.com/@Teloresumoasinomas – Sylvester Stallone ¿Como Construyó Su Propio Imperio?
- faridieck.com – Hacer TODO lo que ESTÁ en TUS MANOS
